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La Sidra en Oviedo
A PROPÓSITO DE LA OCTAVA PREBA DE LA PRIMERA SIDRA DE LA TEMPORADA, EN LA CALLE GASCONA
La relación de Oviedo y la sidra se pierde en la historia, aunque injustamente algunos se olviden de la misma. En vísperas de la celebración de la Octava Preba de la Primera Sidra de la Temporada, organizada por la Asociación de Sidrerías de Gascona, merece la pena subrayar algunos hitos sidreros históricos cuyo discurrir sucedió en la capital del Principado. De toda la documentación medieval existente destacan el Pacto Monástico de San Vicente, de 25 de Noviembre de 781 que recoge la fundación del mencionado monasterio, aportando los otorgantes a esa fundación todos sus bienes, tan in terris quam etiam in vineis, pomiferia, edificiis, aquiis aquarum ductibus...; y el pergamino correspondiente al Testamento de Fakilo, de 8 de Julio de 793, el documento más antiguo del Archivo de la Catedral de Oviedo, recogiendo las formalidades propias de una donación post mortem.
Hasta la aparición del vaso y la botella de sidra, la misma se consumía en zapicas, xarres y vasos de cerámica, especialidades estas últimas que van unidas a la población ovetense de Faro, en la parroquia de Limanes, desde donde afamados alfareros extendieron su buen hacer a muchos otros alfares asturianos.
Hasta tal punto Oviedo es sidrera, que su primer alumbrado público, ideado por el profesor José Ramón Fernández de Luanco y Riego, procedía del aprovechamiento de la magaya de los lagares. Es la misma época en la que el farmacéutico ovetense D. José García Braga comercializaba, con notable éxito, la Sidra Ferruginosa de Asturias, recomendable para quienes padecían anemia y las mujeres embarazadas.
Del concejo era también Sidra Cima, de Colloto, segunda empresa que inició la elaboración de sidra espumosa, allá por el año 1875. Su aguardiente de sidra Colloto, es uno de los más nobles licores destilados en la región y, sólo por ello, merecería esta población ovetense estar en el Olimpo de la Sidra.
Siendo Pío Baroja reportero de la madrileña revista Estampa, con motivo de la elaboración de un reportaje para la misma a comienzos de los años treinta, apuntó entre sus notas: En Oviedo doy una vuelta por el Campo de San Francisco y me encuentro a un conocido, que me lleva a una bodega, en donde me ofrece sidra echada en un vaso desde una altura de dos metros para que haga espuma. Me parece un ejercicio de prestidigitación.
El propio Camilo José Cela propagó la fama y consagró la maestría de Esmeralda González, de la Sidrería Nalón, al coronarla: ...reina de la merluza a la sidra, desde su trono del Bar Nalón.
Son muchos los chigres y chigreros que han marcado la pauta en el pasado carbayón. ¿Quién no recuerda a Luís el del Ferroviario, tras la barra?. A Mariano Prida y su hijo Antonio, propietarios de la Sidrería Cantábrico. A Ramón el del Marchica. A establecimientos míticos para los amantes de los bolos y la sidra como Casa Fuín o el Ideal Rosales. A la sidra que servía José Álvarez en El Diluvio, más conocido como Casa La Gochina, probador de renombre que acompañaba al Ferreru y a Fernando Bango, de Casa Bango. Es obligado acordarse de Casa Tuto, El Azul, Casa El Rey, la Sidrería Muñiz, El Transporte, El Sol, El Gato Negro, Pelayo, La Gruta, Casa Fermín, Bar Sport, Casa Lito, Casa Manolo, Altamirano, El Nacional, El Ovetense, El Pitu, La Madreña...
Son muchos los hosteleros que en la actualidad han tomado el relevo de los anteriormente mencionados y por no dejar ninguno en el tintero, me limitaré a recomendar una incursión en Gascona y limítrofes, en la Calle La Lila y alrededores, Valentín Masip, Manuel Pedregal, Prados de San Julián, Argañosa, Colloto, Trubia...
Mención singular merece la calle Gascona, denominada comercialmente Bulevar de la Sidra, con galicismo incluido por si hubiese dudas del origen en cuestión del topónimo. Si en materia de sidra y productos asturianos es desdichadamente común la tan astur costumbre de regocijarnos en el ombligo propio, procede reflexionar ahora sobre las influencias exteriores, los flujos migratorios y el mestizaje. El bulevar referido era cobijo y morada de comerciantes gascones, que siguiendo las distintas rutas del Camino de Santiago fueron estableciéndose en las villas y ciudades que lo jalonaban desde finales del siglo XI, hasta comienzos del XIII. Eran gascones de Gascuña, anteriormente vascones de Vasconia, a la que se refiere Calixto II, en el siglo XII, como: Es ésta una región de lengua bárbara, poblada de bosques, montañosa, falta de pan y vino y de todo género de alimentos excepto el alivio que representan las manzanas, la sidra y la leche. Por si aún quedase la menor duda de la influencia foránea en esta calle, no conviene olvidar la tristemente derruida Estación del Vasco, así denominada por los Ferrocarriles Vasco-Asturianos que operaban desde sus andenes. Origen a su vez de El Ferroviario, sidrería decana de la zona, en la que Luís Díaz Fernández, el inglés puesto que nunca abandonó el Peñón (Sidra Peñón), ejerció su magisterio formando algunos de los mejores escanciadores de las últimas décadas.
En el Bulevar, cada establecimiento tiene su estilo y su impronta particular: Tierra Astur con su extenso y variado catálogo de productos asturianos, un local que reúne aromas y sensaciones de toda la geografía astur concentrándolos en el centro de Oviedo para el disfrute de locales y viajeros. La Noceda con su ejemplar plantilla, en la otra orilla del bulevar. La sidrería Asturias, una de las pioneras, con el saber que imprime la veteranía. Continuando por el moderno concepto de Mater Asturias y sus emergentes cuélebres que escancian a golpe de tarjeta sidrera. La clásica Pigüeña, otra referencia con solera. El Cachopito que nace en el seno de esta comunidad sidrera con garantía de éxito, pues en esta calle ningún establecimiento ha fracasado hasta la fecha. La espaciosa Pumarada, como proa del buque gascón, con Paco como capitán de la calle. Villaviciosa, otra veterana, con su mesa 69, escenario de miles de improvisadas pruebas ante la atenta mirada de Severino que maneja el cuchillo jamonero como un preciso y paciente violinista. Y, finalmente, El Rincón De Gascona, donde Eusebio con su señora Maribel, ejercieron de promotores permanentes de la bebida regional por excelencia; ahora dirigida por Jota, siempre con una sonrisa y solícito a la hora de echar un buen culete.
Os percataréis que he mencionado a socios y no socios de la asociación, lo he hecho con la mejor de mis intenciones, con el sincero deseo integrador y rechazando las fuerzas centrífugas y disgregadoras tan propias de nuestros tiempos. La sidra predispone al diálogo, a la tolerancia y al compañerismo. Por eso, creo que siempre deberíamos tener presente esas actitudes todos los que de una u otra forma tenemos responsabilidades en este ámbito. Igualmente pido esa predisposición en aquellos que discrepan o se excluyen de iniciativas tan constructivas como la que hoy nos reúne aquí.
Actualmente, la calle Gascona es una referencia turística obligada, una muestra del ambiente sidrero y un cúmulo de establecimientos que mediante la sinergia y el trabajo en equipo han logrado alzarse como enclave de gran consumo de todas las sidras de Asturias.
En cuanto a lagares ovetenses, hoy sólo queda uno en el concejo de Oviedo que esté dado de alta como tal, Sidra Herminio de Colloto, lagar de solera que compartió clientes y aventuras con compañeros de fatigas, con propietarios de empresas que hoy ya no funcionan como lagares o se han reconvertido a otra actividad: Gervasio, Sampedro, Ballongo, El Pitón de Limanes, El Torneru, Mayorazgo, Cefero el Mantequeru, La Morrina o Puerma que cesó en la actividad recientemente.
Si toda esta enumeración de exponentes sidreros no fuese suficiente, acuda el incrédulo a cualquiera de las sidrerías que salpican toda la ciudad y el resto del concejo, donde podrá observar que Oviedo siempre fue sidrera, con el permiso de las otras grandes zonas consumidoras de la región.
Enhorabuena por haber llegado hasta aquí, a la octava edición de la Preba y como a mí no me da lo mismo ocho que ochenta, espero que de la mano, como hasta ahora, lleguemos a ochenta.
José María Osoro Fernández
Presidente A.L.A.
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